
Había una vez un monstruo amigable que vivía en un mundo lleno de colores y formas. Un día, se despertó sintiéndose muy confundido porque no entendía lo que pasaba dentro de él.

De repente, vio un círculo amarillo brillante como el sol. Cuando lo tocó, sintió una calidez y una alegría que le hizo sonreír y saltar de felicidad.

Luego, una nube gris apareció flotando suavemente. Al acercarse, el monstruo sintió tristeza y unas pequeñas lágrimas rodaron por sus mejillas, pero entendió que estaba bien sentirse así a veces.

En ese momento, un volcán rojo comenzó a rugir y a lanzar chispas. El monstruo sintió enojo, como si algo quisiera explotar dentro de él, pero respiró hondo y el volcán se calmó poco a poco.
Por último, encontró una puerta verde entreabierta. Sintió miedo de lo que podría haber detrás, pero se atrevió a mirar y descubrió que, al cruzarla, podía aprender cosas nuevas sobre sí mismo.


