
Mariana era una maestra amable y dedicada. Cada mañana llegaba a la escuela con una gran sonrisa y saludaba a sus alumnos con alegría. Su aula estaba llena de dibujos y palabras bonitas.

Al principio, Mariana se sentía un poco insegura. A veces pensaba que no podía ayudar a todos sus alumnos como quería. Eso la ponía triste y preocupada.

Un día, uno de sus alumnos le preguntó cómo podía aprender mejor. Mariana escuchó con atención y decidió buscar nuevas formas de enseñar, usando juegos y canciones divertidas.

Poco a poco, los niños comenzaron a participar más y a reírse juntos en clase. Mariana se dio cuenta de que estaba creciendo y aprendiendo junto a ellos. Sus colegas también notaron su cambio positivo.

Mariana compartió sus ideas con otros maestros y juntos crearon un lugar más alegre y motivador en la escuela. Todos se sentían inspirados a superarse cada día.
Al final, Mariana se sintió feliz y orgullosa de su transformación. Descubrió que ser una maestra inspiradora es ayudar a todos a creer en sí mismos y nunca dejar de aprender.


