
Lucas se despertó emocionado el día de su cumpleaños y se puso su disfraz favorito del Hombre Araña. Saltaba y trepaba por la casa, lanzando telarañas imaginarias, siempre acompañado de su osito de peluche blanco, Copito.

De repente, Lucas notó que Copito había desaparecido. Lo buscó por toda la casa, debajo de la cama, en la sala y en el patio, pero no lo encontró y se puso muy triste.

En ese momento, apareció el verdadero Hombre Araña, quien le prometió ayudarlo a encontrar a Copito. Juntos salieron a la calle para comenzar la búsqueda.

Fueron al parque y vieron unas palomas. Lucas quiso correr hacia ellas, pero el Hombre Araña le recordó que debía respetar a los animales. Lucas preguntó con calma y las palomas volaron hacia un árbol, señalando el camino.

Siguieron el rastro hasta un jardín donde un gatito jugaba con una bufanda de Copito. Lucas agradeció al gatito y recuperó la bufanda, sintiéndose más cerca de su amigo.

La pista los llevó a una plaza donde niños jugaban. Lucas escuchó la voz de Copito y lo encontró en un banco, cuidado por una niña que lo había encontrado en la calle.

Lucas abrazó a Copito y agradeció a la niña por cuidarlo. El Hombre Araña felicitó a Lucas por su amabilidad y trabajo en equipo.

De regreso a casa, Lucas celebró su cumpleaños con su familia, Copito y el Hombre Araña. Aprendió que el respeto y el trabajo en equipo lo hacen un verdadero superhéroe.


